Teresa Portela cumple su sueño después de más de 20 años de sacrificio y emociona a toda España

Cuando hablamos de ilusión es habitual recurrir a la figura del novato, del deportista joven, ese debutante que quiere comerse el mundo y luchará con todas sus fuerzas por hacer sonar el himno de su país, por colgarse una medalla, por poner su nombre en los libros de historia. Pero jamás subestimemos la ilusión de un veterano.

Teresa Portela lo ha conseguido. A sus 39 años, en las aguas tranquilas de Canle de regatas de Sea Forest, Tokyo, en la modalidad K1-200, Portela ha ganado la medalla de plata que tanto ha luchado, en su sexta participación, después de sumar 15 medallas en Campeonatos Mundiales y 17 en Campeonatos Europeos. De remar entre bateas a colgarse una medalla plata en Japón.

Hace unos meses, cuando ya sabía que esta sería su última participación en esta competición, María Teresa Portela dejaba algo claro: “Entreno para estar entre las mejores, para dar lo mejor de mí e intentar, si puede ser, conseguir la medalla; yo entreno conmigo misma para ver hasta dónde puedo llegar”.

Una medalla de plata que le fue esquiva en Pekín por un puñado de centésimas, y 21 años después de su debut en Sydney, siendo la deportista española con más participaciones en esta cita, le ha llegado su momento después de parar el crono con 38.883 segundos: “Deseaba con todo mi corazón conseguir esto y finalmente he logrado la medalla. Estoy muy feliz”, sentenciaba una emocionadísima María Teresa Portela instantes después de ratificar el metal. 

María Teresa Portela es LEYENDA, en mayúsculas, del deporte español. Después de haber sido una vez sexta, tres veces quinta y una vez cuarta, le ha llegado su momento de subir al podio y después de firmar una participación extraordinaria antes de la gran final: “Sé lo difícil que es estar en la final Olímpica, pero me gustan los objetivos ambiciosos”, afirmaba antes de la final.

Desde los 9 años subida a la piragua. Las aguas del río Lerez, en Cangas, vieron nacer a María Teresa y ahora, tres décadas después, ven su sueño cumplido, algo que siempre ha reconocido y que podrán celebrar en torno a una estatua de Portela remando en el centro de su localidad: “He soñado con este momento muchas veces: con conseguir esta medalla y finalmente tenerla. Estoy viviendo un sueño. Estos son mis sextos y últimos Juegos”, sentenciaba después de la final.

Mamá de Naira, quien llegó en pleno ciclo olímpico para Rio de Janeiro, donde la suerte y la pala le volvieron a dar la espalda. María Teresa se lo pensó mucho pero se quiso brindar un último baile una última opción para poner el broche de oro a una carrera inigualable y no solo por participar en sus sextos juegos: “Cuando tu trabajo requiere de un rendimiento físico y mental tan exigente, te sumerges en la incertidumbre, en el desconcierto de no saber cómo va a reaccionar o cambiar tu cuerpo y tu cabeza después de tal situación. Son momentos complicados, pero bonitos a la vez”, reconocía para Ellas Valen Oro.

María Teresa Portela quería algo más y lo ha conseguido. La palista que creció en la Ría de Aldán ya tiene el premio que tanto merecía.

Ir arriba