Marta Arce: una leyenda dice adiós al deporte de élite

La judoca vallisoletana, de 44 años, ha puesto fin a una dilatada carrera en el mundo del deporte con un cuarto puesto en los Juegos Paralímpicos.

 

Una carrera llena de obstáculos se puso por delante de su vida y la resolvió con una facilidad innata para encarar los problemas. Ella es Marta Arce, una de las grandes deportistas paralímpicas de todos los tiempos en España, que ha puesto el punto final a una trayectoria inmaculada llena de éxitos. Nació con albinismo óculo-cutáneo completo, lo que supone que su visión se reduce al 10%, pero ella ha trabajado para demostrar al mundo que ninguna recompensa llega sin previamente haber derribado barreras.

 

El broche a una leyenda superlativa

Un cuarto puesto en unos Juegos marca el cierre a una carrera de fondo llena de valores que sirven de referencia para las generaciones futuras. El caso de Arce ha sido el mejor ejemplo de deportista que se sobrepone a los problemas: “Este deporte me ha enseñado que las caídas forman parte de la vida y hay que aprender a caerse porque es algo que nos va a pasar a todos en algún momento”, comentaba en una entrevista concedida al diario Marca antes de viajar a la cita olímpica de Japón. Un largo camino por el deporte y la vida, sus dos grandes pasiones, que le han enseñado a aprender continuamente, a no dar nada por sentado y a creer que todo es posible cuando estás dispuesto a luchar por tus sueños.

Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por las dificultades que suponía ser una persona que padece albinismo, en un tiempo donde ni la inclusión ni su normalización estaban integradas en la sociedad. La ONCE fue la encargada de tenderle la mano a los 16 años, ofreciéndole ayudas tiflotécnicas que le permitieron ver mejor y le orientó profesionalmente en busca de un futuro alentador. La organización le facilitó una parte de su progresión, pero su energía y vitalidad pusieron el resto.

Peldaño a peldaño, creció a pasos agigantados

Ella fue demostrándose a sí misma que las barreras se saltaban y se dejaban atrás para superar reto a reto todos los obstáculos y supuestos límites que no le dejaban avanzar. En este momento fue cuando comenzó a estudiar la carrera de Fisioterapia en la Escuela Universitaria de la ONCE, y descubrió que podía ser una buena estudiante y una gran deportista.

El judo llegó a su vida para quedarse y, desde ese momento, comenzó a “pasarse el juego”. Su pasión por la modalidad de origen japonés se intensificó hasta el punto en el que comenzó a experimentar en el mundo de la competición. El deporte de alto rendimiento llamó a su puerta y ella la abrió encantada, hasta el punto de sentirse parte de algo grande. En este instante, a base de esfuerzo y entrega, se produjo una intensa mejora de su rendimiento y eso se tradujo en victorias y medallas.

Dentro de su extenso currículum deportivo, sobresalen las tres medallas paralímpicas en Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012. Una deportista única para nuestro país y para el Comité Paralímpico Español.

Se siente orgullosa de todos los hitos que ha conseguido, pero sobre todo de haber superado obstáculos que le han llevado a la recompensa. Después de Londres 2012, dejó el judo, pero su fuerza de voluntad y la poca presencia de judocas españolas para Tokio la propiciaron que estuviese en una nueva cita olímpica. Un momento muy especial para ella, volviendo al tatami en un lugar mágico. El país de origen de su marido le dio la oportunidad de finalizar una bonita andadura en el mundo del deporte.

Después de tantos años de sacrificio, ahora le toca disfrutar de la familia que ha formado. La leyenda del judo paralímpico español abandona el tatami, el lugar donde aprendió a que hay que encarar los obstáculos para alcanzar todo lo que llegaste a soñar.

¡GRACIAS, MARTA!

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