Las Guerreras del balonmano, un ejemplo para todos

El equipo femenino de balonmano se ha convertido en uno de nuestros grandes representantes en las citas mundialistas e internacionales. Pese a no obtener medalla en Tokio, el cuadro español es considerado como una de las selecciones más respetadas tras lograr la plata mundialista en Kumamoto.

Desde los inicios del deporte de competición en España hasta la cita olímpica en Tokio ha pasado mucho tiempo, concretamente… ¡93 años! Casi un siglo de continuos avances en un deporte que se practicó por primera vez en la escuela militar naval de Ferrol (Galicia). Hoy en día, podemos presumir de tener un gran equipo nacional masculino, pero sobre todo, de haber consolidado una sección femenina que llama a las puertas del éxito en cada competición.

El aumento de los triunfos en nuestra selección a nivel internacional se debe principalmente a una apuesta firme por las categorías inferiores de nuestro balonmano femenino y a la tendencia al alza del número de licencias en las últimas décadas. Según un estudio realizado por el gobierno navarro, analizando la situación de las mujeres en el deporte de la comunidad, observaron que las licencias femeninas incrementaron desde 2006 hasta 2015, especialmente en las categorías benjamín y alevín. De hecho, en la convocatoria para Tokio, hay una jugadora navarra. Nerea Pena, uno de los pilares de esta selección, ha disputado sus segundos Juegos. Su currículum tiene todas las distinciones posibles excepto la insignia olímpica, que completaría una trayectoria envidiable en el mundo del balonmano. No solo ella puede presumir de tener un gran palmarés, también algunas de sus compañeras.

Jugadoras de leyenda

Silvia Navarro y Carmen Martín han sido otras dos jugadoras de leyenda para esta exitosa Selección. Navarro fue la más veterana en Tokio con 42 años. Una portera única que ha disputado tres Juegos y que ha acompañado al equipo en esta generación dorada. Una referencia bajo palos: elástica, con mucha intuición para atajar los disparos y con una gran capacidad de anticipación. Por su parte, Carmen Martín, la capitana de la selección, considerada en muchas ocasiones como la mejor extremo derecho del mundo, no se proclamó subcampeona mundialista por lesión pero acumula el resto de distinciones con la selección. En definitiva, una trayectoria mágica de estas jugadoras en una década espléndida.

Un viaje extraordinario repleto de éxitos

La etapa dorada del balonmano femenino español comenzó en el año 2008. No fue en Pekín donde pudieron colgarse las medallas, sino en el Campeonato de Europa 2008. Fue imposible superar a la todopoderosa Noruega en la final, pero se colgaron su primera medalla en un Europeo. Una plata que supo a oro para la selección dirigida por Jorge Dueñas y comandada en la final por Marta Mangué y Begoña Fernández. A lo largo del campeonato, las Guerreras fueron soñando cada vez con más intensidad hasta plantarse en una final frente a las campeonas olímpicas y continentales. En este momento es cuando comenzaron a ilusionar a todo un país, aunque sería en el 2011 cuando se confirmaría la tendencia de una selección prometedora. Llegaba al Mundial 2011 tras haber firmado un cuarto puesto en China 2009 y querían resarcirse de este campeonato obteniendo el podio. Las paradas de Silvia Navarro y el papel fundamental de Nerea Pena y Carmen Martín en ataque fueron determinantes para que la selección femenina se alzara con ese tercer puesto. Bronce para un equipo que conseguía un metal en un Mundial por primera vez en la historia. La gran Dinamarca, rival de España en el tercer y cuarto puesto, fue testigo de la tendencia positiva de este equipo en el mundo del balonmano.

El auge de las Guerreras en las competiciones internacionales no se acabó aquí. Si ya habían obtenido podio en un Mundial y en un Europeo, lo siguiente era colgarse una medalla en Londres 2012. También fue la primera vez que el balonmano femenino obtuvo una insignia olímpica y lo hizo tras superar dos prórrogas en la final de consolación frente a Corea del Sur (29-31). Un partido agónico y extenuante que supuso la consagración de este equipo en el panorama internacional del balonmano. El espíritu competitivo de las Guerreras se convirtió en una referencia para otras selecciones. La mejor generación de jugadoras igualó el mejor registro en unos Juegos del equipo masculino. En cuatro años, este equipo se colgó tres medallas, un hecho insólito en la historia del balonmano español.

El 2013 fue el gran año de la selección masculina con la consecución del Campeonato del Mundo en España y, en 2014, las Guerreras volverían a las andadas con su segunda plata en un Campeonato de Europa. Perdió el título continental por detalles frente a Noruega, la reina histórica y tradicional del balonmano femenino. Nerea Pena sobresalió una vez más con 10 tantos en la gran final y los penaltis fueron una de las grandes claves que relegaron a España al segundo puesto.

2019, el gran año para las Guerreras

Parecía que este hito conseguido en Budapest sería el último de una generación ejemplar, pero no fue así. Estaba por llegar lo mejor. El gran premio para un equipo de leyenda fue obtenido en el Mundial 2019, un año grabado para el balonmano español. El 16 de diciembre de 2019, las Guerreras se proclamaron subcampeonas del mundo tras perder por un solo punto en la final frente a Países Bajos (29-30). Un milímetro de la gloria separó al combinado español de su primer Mundial y las ilusiones de un oro se diluyeron, pero presenciamos la mayor hazaña de nuestra selección femenina en un campeonato internacional

 

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Desde la llegada de Carlos Viver al banquillo en 2017, se produjeron cambios en este núcleo de jugadoras. La juventud de la plantilla se contrasta con la experiencia y veteranía de jugadoras como la incombustible Silvia Navarro (42 años) o los extremos Marta López y Carmen Navarro, que contribuyeron a obtener el bronce en Londres 2012.

El resto de las selecciones ven a España como un equipo peligroso, que respetan y que se ha ganado el reconocimiento del balonmano. Son subcampeonas del mundo y el núcleo duro del vestuario se mantiene intacto. Pelearán por estar en lo más alto de este deporte en el próximo Mundial en el que serán las anfitrionas. En diciembre de este mismo año, España albergará la cita mundialista y las Guerreras intentarán emular el hito que obtuvieron los Hispanos en 2013.

En Tokio, no hubo fortuna, pero las segundas oportunidades existen. Mejor ocasión que en casa, no hay. El carácter, la garra y la competitividad continúan para un equipo histórico. Nuevas generaciones, pero siempre manteniendo la misma concepción que le ha llevado a lograr tantos éxitos internacionales. Luchar es su cometido y ganar es la meta de esta selección. ¡A por todas en el mundial, Guerreras!

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