La de Japón siempre será recordada como una cita especial. Con la desdicha de ver la gradas vacías, pero con la ilusión que siempre nos trae la cita deportiva más importante. Un total de 137 mujeres han representado a toda España en Tokio, dándolo todo en sus modalidades, siendo orgullo para nuestro país.

 

Una vez el telón de la gran fiesta del deporte se ha echado, podemos decir que la satisfacción con la participación es enorme. Nos han hecho soñar, vibrar, sufrir, llorar, gritar y celebrar como hacía mucho que no lo hacíamos. Los madrugones han merecido la pena. Nos hemos visto representados en su esfuerzo y, ahora que se ha terminado, solo queda agradecerles el coraje.

Fátima Gálvez le dio el primer oro a la delegación española gracias a su deslumbrante actuación en tiro olímpico en la categoría mixta, junto a su compañero Alberto Fernández. Nuestra campeona describía el momento como “un sueño hecho realidad”. Sus 41 aciertos en 50 disparos ya son historia de nuestro deporte. 

El kárate se estrenaba en Japón en esta gran cita y como no podía ser de otra manera, Sandra Sánchez, en la modalidad de kata, era una de las grandes bazas de medalla para España. La mejora karateka de la historia en su modalidad, campeona del mundo y de Europa, no falló y es la primera campeona de la historia en una cita de esta calado. «¡Quiero llorar, quiero reír, quiero saltar!”, gritaba una exaltadísima Sandra Sánchez cuando atendía a los medios. Una nueva medalla a su palmarés, eso sí, esta es histórica. Ejemplo de resiliencia: con 20 años renunció a entrenar en el CAR para cuidar a su madre, enferma de cáncer. Cuando quiso volver no la readmitieron. Ahora, su nombre permanecerá intacto en las páginas doradas del deporte mundial. 

De la veteranía de Sandra damos el salto, pero sin quitarnos el kimono, a la juventud de Adriana Cerezo. Con solo 17 años, esta taekwondista de Alcalá de Henares encandiló a propios y a extraños con su sonrisa y valentía sobre el tatami. La niña maravilla, como ya la han apodado, subió al podio después de poner el Makuhari Messe patas arriba a colgarse una plata que sabe a mucho más. El primer metal para nuestro país en Tokyo es suyo, difícil de olvidar, más si cabe que lo logró doblegando a rivales que le doblaban en edad y experiencia. Adriana nos dejó una frase que todo deportista debería tener presente después de una final, incluso perdiendo: “Cómo no iba a sonreír si era uno de los mejores momentos de mi vida”.

Nos lanzamos al agua en la piragua de Maialen Chourraut para sumar una nueva medalla, esta vez de bronce, en la modalidad de K-1. Las aguas bravas de Tokyo no pudieron con el tesón de la guipuzcoana que, a sus 38 años y después de superar varias lesiones, se lanzó con todo al canal de piragüismo de Kasai para colgarse su tercer metal en esta cita, su última. Jamás olvidaremos sus lágrimas de emoción al lograr la medalla: “Es algo increíble, estoy muy contenta y sabía que había esa probabilidad de que lo lograse, lo luché hasta el final, pero no pensaba que volvería con una medalla de plata”.

Teresa Portela, con 39 años, que empezó a remar en la Ría de Aldán sorteando bateas, logró subirse al segundo escalón del podio después de quedar segunda en las aguas tranquilas del Canle de regatas de Sea Forest, Tokyo, en la modalidad K1-200. Su sexta cita de este nivel, con un palmares envidiable, pero con la ambición de un debutante. Su prueba emocionó a todos los que madrugamos para empujar su piragua. El COE, en su cuenta de twitter, la calificó de leyenda de nuestro deporte después de conseguir una medalla que tantas veces se le había resistido: “Estoy contenta de haber trabajado y no haber tirado la toalla. El haber luchado y haber resistido me hace sentir más orgullosa. He peleado mucho esta medalla”, afirmaba Teresa en una entrevista.

Con una sonrisa de oreja a oreja posaban todas y cada una de nuestro equipazo de waterpolo femenino después de lograr una medalla de plata inolvidable. El equipo nacional compitió contra las mejores y llegó a la final dispuestas a soñar, pero con la satisfacción de haber hecho feliz a todos los que apoyábamos desde casa. El Centro de Waterpolo de Tatsumi de Tokio fue testigo de la segunda medalla en este gran evento para nuestro equipo femenino. 

La sonrisa y emoción de Ana Peleteiro es difícil de describir con palabras. El Estadio Olímpico de  Tokio vio como la gallega superó dos veces la plusmarca nacional en triple salto para, después, firmar un bronce histórico en esta disciplina. Los que la conocen dicen de ella que nunca falla cuando llega el momento de la verdad, y razón no les falta. Su salto interminable aterrizó con una distancia de 14,87 metros, válido para lograr subir al podio y hacer que muchas jóvenes deportistas quieran seguir su ejemplo, algo que enorgullece a Ana: “Si mi ejemplo como mujer sirve para que otras niñas hagan y digan ‘qué guay’, yo me puedo morir tranquila, porque aquello que he venido a hacer al mundo ya lo he conseguido”.

Muchas veces el premio de la medalla no llega, son pocas las elegidas que logran subirse al podio y hacer sonar el himno de su país en honor a su logro. Pero el orgullo hacia su desempeño queda intacto por parte de todos los aficionados. El atletismo femenino español ha hecho historia en Japón al conseguir clasificar a 24 atletas y con ello igualar el récord de participantes de Sydney 2000. Estamos seguir de que las lágrimas de María Vicente se tornaran en sonrisas y júbilo en no mucho tardar y que al skate de Julia Benedetti le quedan muchísimas tardes de gloria. 


Mención especial merece el equipo de natación sincronizada español con su capitana, Ona Carbonell, a la cabeza. Después de no estar en Rio de Janeiro en 2016, nuestras nadadoras volvieron a la fiesta del deporte en Japón, con la mayor de las ilusiones. Ona, que saltó a la piscina un año después de su maternidad, lideró al combinado en el Centro Acuático de Tokio que terminó séptimo. Una buena prueba de toque para un equipo joven que aspira a seguir creciendo. 

Las lágrimas en los ojos de nuestras jugadoras de hockey reflejaron la cruz del deporte. Nuestras chicas fueron apeadas de las semifinales después de que los shoot out no nos fueran favorables. El estadio de hockey de Oi fue testigo del momento, después de un campeonato muy bueno de la selección, algo que recordaba Bea Pérez, embajadora Iberdrola, después de la eliminación: “Hay que estar orgulloso de este equipo. Nos vamos con la cabeza bien alta”.

Las Guerreras de balonmano volvieron a hacernos vibrar, sacando su casta y su carácter, un sello de identidad propio y que jamás pierden. Su grupo en Japón era de lo más complicado y, pese a plantar cara en todo momento, nuestras jugadoras no lograr certificar su pase a los cuartos de final.

Nombres destacados de nuestro deporte también vivieron con intensidad la cita nipona. Lydia Valentín, la mejor deportista española de siempre en halterofilia, tuvo que retirarse en plena competición a causa de unos problemas físicos y después de haber sido capaz de levantar 225 kilos: “Ahora a recuperarme al 100%, es lo que más me interesa”, afirmaba, no sin antes asegurar que: “Todavía queda Lydia Valentín para rato”.

Con 21 años, Antía Jacome, deslumbró al mundo del piragüismo siendo capaz de llegar a la final. “Ha nacido una estrella”, decían los medios de comunicación especialistas. La gallega terminó en quinta posición en la final de C1 200, algo al alcance de muy pocos deportistas. Por su parte, Marta Pérez Miguel logró pulverizar su mejor marca en hasta tres ocasiones para colarse en la final de los 1.500 metros, firmando el mejor registro español en esta cita y la segunda mejor marca nacional de la historia. Clara Azurmendi, representante de nuestro país en bádminton, firmó un muy buen papel en su estreno en este evento, pero no pudo optar a la pelea por las medallas. En marcha, una de las pruebas reinas, nuestras atletas firmaron un papel muy notable, quedándose a las puertas del podio gracias a María Pérez, que fue cuarta; Raquel González decimocuarta; y Laura García Caro trigésimo cuarta. Por último, el dúo en natación sincronizada, formado por Alisa Ozhogina Iris Tió firmó un buen décimo puesto en su debut.

El deporte femenino español sigue creciendo y evolucionando. ¡París, vamos a por ti! 

Ir arriba