Desde la primera medalla en Barcelona 92, las conquistas de las deportistas españolas en los Juegos Olímpicos han ido en imparable progresión. Ahora son protagonistas y han superado en metales a sus compañeros en las dos últimas citas.

 

31 de julio de 1992. Palau Blaugrana, Barcelona. Sobre el tatami, la española Miriam Blasco, bronce en el último Mundial, y la británica Nicola Fairbrother, campeona de Europa. Disputan la final olímpica de judo -56. El público, mayoritariamente local, anima a su compatriota, que está a punto de presenciar una de las gestas más importantes del deporte español. Su victoria, unida al bronce de Blanca Fernández Ochoa unos meses antes en los JJOO de Albertville, se convertirá en los cimientos de la revolución femenina deportiva más allá de nuestras fronteras. La vallisoletana está concentrada, contraataca una y otra vez a su oponente. Los gritos de la hinchada son tan altos que apenas se puede escuchar silbar al colegiado y sí cómo la grada corea el nombre de pila de Blasco: “Miriam, Miriam…”. Queda poco más de un minuto para que la vallisoletana haga historia. Pero ese tiempo le parecen años al espectador.

Y quizá no esté tan confundido, porque la primera medalla de una deportista española en unos Juegos Olímpicos iba a producirse 68 años después de la primera participación femenina que fue en París 1924. Una eternidad.

Cuatro mujeres y 123 hombres formaban aquella delegación española. Hasta Roma 1960, no volvió a haber féminas en el combinado nacional olímpico (a Italia fueron 11 y 136 varones), y once olimpiadas después, Barcelona acogió los primeros Juegos en los que la participación femenina española se contaría por primera vez en cifras de tres dígitos. Antes, el récord se había alcanzado en Seúl, con 31 españolas compitiendo, pero en la ciudad condal la cifra aumentó hasta 128 y a partir de entonces no bajará de 95.

El novedoso Plan ADO se tradujo en 22 medallas para nuestra delegación. Hasta la presentación de Cobi al mundo, el equipo español nunca había ganado más que un oro en unos JJOO. En Barcelona 92 Miriam Blasco dio el pistoletazo de salida a otros 21 metales (13 dorados con el suyo). Gracias a esas 8 preseas que relucían en cuellos femeninos, dorados también en los casos de la judoka Almudena Muñoz y las regatistas de Vela 470 Theresa Zabell y Patricia Guerra Cabrera, las niñas empezaron a ilusionarse con sueños que antes de aquellas gestas parecían imposibles.

 

Miriam Blasco Barcelona '92

 

Sin bajar del podio

En Barcelona, el deporte español femenino subió al podio para no volver a bajar. Su progresión desde entonces ha sido imparable, en presencia y en éxitos. En Atlanta 96, las españolas conquistaron 6 de las 16 medallas del país. España obtuvo 5 oros, entre los que destacaron el del equipo de gimnasia rítmica y el de la dupla en Vela 470 compuesta por Theresa Zabell y Begoña Vía-Dufresne. Si en EEUU habían participado 95 atletas femeninas y 197 masculinos, en Sidney, veinte mujeres más se dieron cita en las antípodas. El botín femenino fue de 4 preseas, solo 3 menos que los hombres. 218 atletas masculinos nos representaron en Australia, pero solo Gervasio Deferr y Joan Llaneras coincidieron en lo más alto del Olimpo con la judoka Isabel Fernández.

En Atenas 2004, nadie podía negar ya que las españolas estaban instaladas en el deporte de élite. Nuestras olímpicas sumaron 5 (o 6, si contamos con que Beatriz Ferrer-Salat formaba parte del equipo de doma por equipos) de los 20 metales conseguidos por España. Además, desde aquellos Juegos helenos, a los que llegamos con 177 varones y 140 mujeres, la participación por géneros en España se ha equilibrado.

En Pekín 2008, 164 hombres y 122 féminas compusieron la delegación española, y una vez más nuestras deportistas consiguieron 5 entorchados de los 19 de la expedición, incluyendo la plata que Lydia Valentín se colgó en el cuello en diez años después tras las sanciones por dopaje de sus rivales.

 

 

Un ‘sorpasso’ confirmado

En los dos últimos Juegos Olímpicos, ellas han sido las encargadas de sostener la mayor parte del peso del medallero español al superar a sus compañeros en la consecución de metales. Las españolas despidieron Londres 2012 con 11 medallas (cifra que se ampliaría en 2016, cuando Lydia Valentín y Ruth Beitia recibieron una cada una al confirmarse el dopaje de sus rivales), frente a los 6 de sus compañeros.

En cuanto a Río 2016, el evento brasileño confirmó que lo sucedido cuatro años atrás no había sido mera casualidad. Nuestras olímpicas ganaron 9 de las 17 medallas logradas. Mireia Belmonte, como hiciera Miriam Blasco en 1992, descorchó el primer cava de la expedición y lo hizo también desde lo más alto del podio. De los 7 metales más valiosos del combinado español, 4 los consiguieron nombres ya imposibles de olvidar: la propia Belmonte, Maialen Chourraut, Carolina Marín y Ruth Beitia.  Como ocurrió en Londres, en Río las mujeres ganaron más y mejor, y a día de hoy son la principal baza para aumentar el medallero olímpico en Tokio 2020.