El duro camino de Maialen Chorraut hasta volver a tocar el cielo en Japón

Tres metales en tres participaciones consecutivas. Maialen Chourraut, palista española en la modalidad de K1, llegó a Japón después de superar muchos contratiempos pero con la ambición y las ganas de un novato. Su éxito es el sinónimo de muchísimas horas de trabajo y dedicación.

 

 

En contadas ocasiones el camino al éxito es sencillo. Siempre existen trabas, momentos de frustración, lesiones, épocas en las que una no encuentra su punto físico, situaciones extradeportivas que afectan cuando hay que entrenar… A fin de cuentas, el deportista es humano, eso no lo debemos olvidar nunca. Y Mailaen Chourraut, pese a tener un palmares de otra galaxia, también lo es.

 

La de Maialen Chourraut es la historia de una deportista de éxito, persistente, educada en su metodología de trabajo y capaz de superar todas y cada una de las adversidades que se le han puesto por delante hasta conseguir, con 38 años, su tercera medalla en una cita olímpica después de las ya conseguidas en Londres y en Rio de Janeiro.

 

 

Las lagrimas de nuestra palista emocionaron a media España. Rota de emoción en los brazos de su entrador una vez terminó su prueba y se confirmó que volvía a subir al podio: “Que sí, Maialen, que sí, que ya la tienes”, le decía Xabi Etxaniz.

 

 

Las lágrimas de Mailaen solo se entienden si conoces su camino. En su tercera participación en este evento, la piragüista española en modalidad de eslalon K1, hizo fácil lo difícil. Cada 4 años es capaz de hacernos soñar, de doblegar las aguas más bravas y poner la bandera de nuestro país en el podio. Y hasta ahí la narrativa “sencilla”. Ahora coloquemos las piedras para entender lo que ha debido recorrer.


>El camino a Tokyo desde Rio de Janeiro fue muy duro para ella: “Toda la vida me había estado exigiendo, exigiendo, exigiendo y al volver de Brasil tuve muchas lesiones, supongo que fruto de tanta tensión acumulada. Estos últimos años me he caído y me he levantado muchas veces. Lo he peleado mucho y esta medalla… ¡Uf! No me lo creo”, sentenciaba Mailaen.

 

Al volver de Brasil, en 2018, su espalda dijo basta y se quedó bloqueada varios días. A los pocos meses empezó a sufrir vértigos, los cuales le hacían imposible subirse a la piragüa, algo que se prolongó varios meses. Una vez consiguieron ponerle remedio, un dolo insoportable en las costillas desveló una fisura en esa parte del cuerpo. Un calvario al que ha sabido reponerse como nadie.

 

 

Después de esto, ¿qué iban a suponer para ella las aguas bravas de Tokyo? Maialen se lanzó al agua y paró el tiempo en 106,63 para volver al podio cinco años después de hacerlo en Brasil. Con solo dos semanas para aprenderse la bajada y ante un calor sofocante, Chorraut trataba de asimilar su medalla: “Consciente de lo que he conseguido igual sí lo soy, pero todavía no me lo creo. No me lo creo”.

 

Las primeras palabras de la donostiarra una vez sabida su medalla fueron dedicadas a su hija: “Ane sabe el esfuerzo que supone estar aquí, el camino, y ella pone muchísimo de su parte para hacérmelo más fácil. Estos Juegos han sido especiales y lejos de Ane. Estoy deseando darle un beso, coger el avión y llegar a casa a mi chiquitina”, sentenciaba una emocionadísima Mailaen.

 

 

Bajo el sol del atardecer nipón, Mailaen reflexionaba con un discurso brillante: “Es una medalla olímpica, pero lo importante es el camino y hoy cuando he hecho la final y he llegado a meta estaba satisfecha conmigo misma. Lo he peleado muchísimo, lo he peleado hasta el último momento y el pelear las cosas, el sacar fuerzas de donde a veces no las hay, el perseguir un sueño, aunque no lo consigas, ya es mucho. Y he empezado a apreciarlo ahora, he necesitado 38 años para apreciarlo”, afirmaba.

 

¡Enhorabuena Maialen, eres leyenda de nuestro deporte!

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