Adiaratou Iglesias, de sufrir una persecución hasta lo alto del pódium en Tokio.

 

La historia de Adi Iglesias se aleja mucho de lo cotidiano. Nacida en Malí, escapó de su país natal por miedo a una persecución ligada a la brujería, aterrizó en Logroño y no fue hasta que Lina apareció en su vida cuando se asentó en Lugo. Ahora presume de dos medallas en la cita más importante para cualquier deportista, y lo hace con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Desde Madrid, donde se ha mudado recientemente, Adiaratou Iglesias atiende a Ellas Valen Oro, todavía sin ser capaz de asimilar su hazaña en el Lejano Oriente: “No sé  identificar mis sentimientos del todo. Me he puesto muy contenta después de mi resultado en Tokio al ganar un oro y una plata, pero claro, son muchas emociones, he logrado algo impresionante y no me termino de dar cuenta de lo que he conseguido. He salido en muchos medios, mucha gente me ha visto, … Pero de entrada me he puesto contenta como con cualquier otra medalla. Asimilar lo que he logrado todavía no lo he hecho, tendré que hacerlo poco a poco”, admite nuestra campeona.

 

 

 

Adi, como la conocen en el mundo del atletismo, no es de andarse por las ramas, ella tiene un mensaje y lo lanza de forma contundente: “Siendo sincera, al menos una medalla sí me esperaba. Iba mentalizada, sabía que estaba para ganar una medalla de oro, porque mis marcas lo mostraban. Pero claro, había que estar allí. Estaba preparada y mentalizada de que iba a ganar y de que quería ganar. Tal vez si no lo hubiera conseguido me habría frustrado, y por eso iba muy bien trabajada a nivel psicológico y supe afrontar cada momento como había planeado”, reconoce.

 

Ese trabajo psicológico, tan importante en el mundo del deporte al más alto nivel, es el que serenó las emociones de Adiaratou antes de la competición: “Soy una persona que no me pongo presión, pero hay que se realistas. Mucha gente que me recordaba cada día que estaba primera en el ranking y me decía que iba a quedar muy bien en Japón, que estaba para quedar primera… Y al final sientes presión, aunque no quieras, es inevitable. Pero todo estaba en mi mano, ganar o no. Soy la única que conozco el trabajo que ha habido detrás”.

 

Su historia no se entiende sin recapitular. La brujería tiene un peso fundamental en su victoria, en su triunfo. Y no hablamos solo del deportivo, también en lo personal: “Desde pequeña me ha gustado el atletismo. Pero claro, nunca he podido hacerlo en mi país, en Malí. Primero por ser mujer, segundo por ser albina y tercero porque el deporte de competición, como tal, no existe allí. A los 11 años me vine a España porque en Malí existe una persecución a los albinos por parte de ciertas personas. Nos cortan miembros de nuestro cuerpo porque creen que al portarlo consigo les dará buena suerte. Otros piensan que, al cortarnos el pelo, si lo entierran, en unos años se volverá oro. Son cosas que impresionan y que vienen dadas por la ignorancia total y por la cultura. Mis padres decidieron enviarme a España con uno de mis hermanastros, pero la cosa no salió bien e ingresé en un centro de menores y a partir de ahí conocí a mi madre adoptiva actual, Lina. Con ella me fui a vivir a Lugo”, y ahí la historia volvió a empezar para Iglesias.

 

 

 

Amante del atletismo desde los 7 años, Adiaratou reconoce que siempre lo llevó dentro. Corría sin parar, a todos lados y a todas horas. Pero no fue hasta que llegó a Lugo cuando conoció este deporte de verdad: “Cuando conocía a mi madre adoptiva le dije que me encantaba el atletismo y ella me prometió que en Lugo me apuntaría a un equipo y probé. No tenía ni idea de lo que era un campeonato gallego, un campeonato de España… yo solo quería correr. Entonces empecé como una novata en un club en el que no había personas con discapacidad y me ayudaron mucho adaptando ciertas cosas. Fui destacando poco a poco, pero sin ningún objetivo. Yo corría e iba superando las mínimas para los diferentes campeonatos. Fue muy bonito porque no tenía ninguna presión”.

 

 

En su perfil de Instagram hay una foto especial: “Las personas que más te quieren siempre están ahí”, reza el título de la publicación. Es para su tío, una persona clave en la vida de Adi, tal y como ella misma reconoce: “Mi tío es un apasionado del deporte. Siempre me ha animado. Desde que empecé, hasta llegar a donde he llegado, siempre me ha dado consejos, transmitido mensajes positivos, me ha quitado presión y cada día me recordaba que para él siempre seré la mejor. Es una persona muy especial para mi. Le adoro y él me adora. Es un apoyo muy chulo”.

 

 

 

Estudiante de fisioterapia en la Universidad de la Once, donde cursa de hace semanas el primer ciclo de la carrera, Adiaratou Iglesias agradece el apoyo de Iberdrola al deporte femenino español: “La verdad que el apoyo de Iberdrola es muy grande. Ayudan mucho. Me parece impresionante y ojalá sigan mucho tiempo con nosotras, son claves en el avance del deporte femenino. Ver como están detrás de nosotras nos da mucha tranquilidad para trabajar y eso se traduce en objetivos conseguidos y medallas”.

 

 

 

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