En esta fecha tan especial celebramos los logros de un deporte femenino que en la última década ha ganado visibilidad gracias a la valentía, el talento y el esfuerzo de las deportistas españolas.

Cuando Jenni Hermoso, una de las estrellas del Fútbol Club Barcelona Femení y de la Selección Española, comenzó a jugar al fútbol, no había un equipo de niñas en su barrio, así que tuvo que ser la nota “mixta” de uno de niños. Por aquel entonces era una osadía soñar con convertirse en lo que es actualmente: una de las mejores delanteras de la Primera Iberdrola, futbolista reconocida internacionalmente y parte importante del combinado nacional en el último Mundial. Hoy, Jenni es la referente que inspira a todas las canteras de jóvenes futbolistas, pero cuando ella empezó a marcar sus primeros goles, el fútbol femenino era un gran desconocido, incluso para las chicas que lo jugaban. Los espejos en los que tenía que mirarse se encontraban en los campos de fútbol masculino, y si quería vestir sus camisetas, siempre eran demasiado grandes para la talla de aquella niña que también quería lucir los colores de su equipo.

Con ocho años, Carolina Marín cambió los zapatos de flamenco por el volante de bádminton. La campeona que todo lo ha ganado es el modelo a seguir de algo más de ocho mil federados, mujeres y hombres, en su disciplina en España. Sin embargo, cuando la incontestable reina del bádminton empezó a formarse, apenas existían grandes ídolos en nuestro país en los que fijarse, mucho menos mujeres. A base de conquistas, Carolina empezó a ocupar espacios en la prensa, primero eran pequeños recuadros de tinta, después terminó copando todas las portadas. Ahora, nadie duda de que es una de las mejores deportistas de nuestra historia.

La mejor karateka de la historia en la modalidad de kata, Sandra Sánchez, también rompió con lo establecido. Como ocurría en muchas familias españolas, sus padres pensaron que se divertiría más acudiendo a clases de baile. Pero en cuanto Sandra vio a su hermano luchando con el kimono, lo tuvo claro: ella quería triunfar en el mundo del kárate. Su elección una gran noticia para el deporte en nuestro país, con su familia como uno de sus grandes pilares en los que apoyarse, pues siempre impulsaron a su hija cuando decidió elegir otro camino distinto al establecido. Contra todo pronóstico, aquella niña tan osada acabó convirtiéndose en una gran deportista de élite que ha logrado destacar mundialmente en una disciplina que en España aún se encuentra alejada de las masas.

Los suyos son ejemplos de que el atrevimiento, el esfuerzo y el talento pueden llevar a quien se lo proponga a desarrollar una carrera deportiva de éxito, con independencia de su condición de hombre o mujer. También muestran una perfecta radiografía del estado actual del deporte femenino, que evoluciona no solo por el tesón de sus protagonistas, sino también por la confianza de los aficionados, las instituciones y los patrocinadores. El deporte español avanza a pasos agigantados hacia una igualdad real y más necesaria que nunca en deportes de larga tradición masculina. Al récord de asistencia de más 60.000 espectadores en un partido de fútbol femenino en el Wanda Metropolitano, hay que añadirle el reciente y pionero convenio colectivo del futbol femenino profesional que establece un salario mínimo, uno de los mayores avances en esa búsqueda de la equidad entre mujeres y hombres en el ámbito deportivo y que sienta un enorme precedente en nuestro país.

Líderes del deporte español

El deporte femenino español atraviesa uno de sus mejores momentos, gracias a nombres que ya son una leyenda, como Ruth Beitia, Mireia Belmonte, Lydia Valentín, Garbiñe Muguruza, Vero Boquete, Ana Peleteiro y las mencionadas anteriormente. También gozamos de una gran cantera de promesas, como Salma Paralluelo, María Vicente, Sofía Val y otros nombres que volverán a sorprendernos este año. En deportes colectivos también somos una referencia: la Selección de fútbol, las Guereras de balonmano, las Redsticks de hockey, las Leonas de rugby y un largo y dorado etcétera que nos dan muchos motivos para soñar.

Ellas son verdaderas estrellas, heroínas para las chicas y para los chicos que entrenan para convertirse en deportistas profesionales en un futuro y ser algunas de las caras más visibles de nuestro deporte. Sus nombres sonarán con fuerza este verano en Tokio. Y quién sabe si ocurrirá como en las dos últimas ediciones, en las que ellas aportaron más metales que sus compañeros al medallero de la delegación española. Este 8 de marzo celebramos un presente muy distinto al que vivieron las pequeñas Jenni, Carolina o Sandra, cuando comenzaron a abrirse un camino en sus especialidades. Ni qué decir del de aquellas atletas anteriores al ‘boom’ de  Barcelona 92.

Gracias a que ellas lucharon también por conseguir su merecida parcela en el deporte, ahora disfrutamos y vibramos por partida doble con los éxitos de nuestro deporte. Queda todavía camino por recorrer, pero cada licencia deportiva, cada segundo recortado en el cronómetro, cada metal en el medallero internacional… permite pensar que vamos por la senda correcta, porque son ellas quienes la abren a su paso.

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